Caso Blas Correas: desamparados en Nueva Córdoba



La causa por la investigación del asesinato de Valentino Blas Correas (17) por una bala policial viene avanzando, pero con algunos tropiezos. La semana judicial que se cierra encuentra al instructor con algunas acciones que marcan un trazo errático tras la línea recta inicial.

Tras imputar y detener a los dos policías que dispararon a los cinco jóvenes que viajaban dentro del Fiat Argo en el que murió Blas, se sucedieron otras acciones que no lucen tan ligadas con la lógica del derecho.

Por empezar, en la cadena de encubrimientos sólo hay unos pocos eslabones que fueron privados de la libertad. Con algunos se efectúa una imputación plena y con otros una atenuada, pese a que se está hablando de una cadena de complicidades. La única que está presa es la suboficial que recibió de sus superiores la orden de plantar el arma.

La Fiscalía de Distrito 1 Turno 3, a cargo de José Mana, transcurrió esta breve instrucción haciendo «anuncios» de lo que se estaba por concretar. Uno de ellos fue el de la posible imputación al conductor del Fiat Argo por no frenar en el control donde los balearon. Horas más tarde, no alcanzaban las palabras para desactivar el globo de ensayo, que sonó como imprudente.

Pero lo que más escozor provoca en la piel de la lógica es la imputación de «abandono de persona» a tres empleados administrativos del sanatorio Aconcagua.

En ese lugar, un dependiente sin conocimiento médico salió a la vereda a ver qué sucedía con un joven tendido boca abajo. Según su relato, les explicó a los amigos de Blas que tenían que llamar al 107 o ir al Hospital de Urgencias. Luego ayudó a cargar al joven en el auto y les indicó el camino.

No hay abogado penalista de Tribunales 2 que no ejemplifique el abandono de persona con la misma «clase» de principiante de la facultad: un auto «en descampado» atropella a una persona y el conductor la deja «al desamparo» y «librado a su suerte». Si por casualidad pasa alguien y auxilia al herido, ya no configura «abandono».

A simple vista, los requisitos elementales son: descampado, desamparo y librado a su suerte.

La clínica está en plena ciudad de Córdoba, en barrio Nueva Córdoba, y en el video que circuló por los medios se ve a varias personas que están alrededor del herido. La persona que graba el video, el motociclista que llega a iluminar y contribuye a que puedan subirlo al auto, son acciones y personas que hablan a las claras de que en ese lugar esa noche no hubo desamparo.

Por eso, a riesgo de caer en perogrullada, decir «desamparado en Nueva Córdoba» es a todas luces un oxímoron. La lógica elemental evita decir que alguien pueda estar desamparado en ese barrio, a la hora que fuere.

Distinto es considerar si el empleado tenía que dar aviso al 107 o proporcionarle ayuda médica y no lo hizo. Eso es «omisión de auxilio» y configura otro tipo de delito, por cierto mucho más atenuado.

Estas otras cuestiones que rodean al hecho central, el crimen de Blas, evitan hablar del tema de fondo: quiénes lo mataron. Mientras se siguen sucediendo acciones colaterales y «anuncios» procesales, continúa sin respuesta la pregunta que algunos no quieren que se formule: ¿por qué el cabo primero de Policía de la Provincia de Córdoba Lucas Damián Gómez estaba en la calle con un arma reglamentaria, si lo espera un juicio como encubridor del violador serial de La Calera? 





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