la caza del fugitivo en España


Un despiadado pederasta reclamado por Países Bajos; un refugiado de origen pakistaní que mató a hachazos a su compañero de habitación, requerido por Alemania; un asesino huido de un psiquiátrico, solicitado por Dinamarca; o un neonazi, demandado por Ucrania. Fugitivos. Aunque el término traslada a tramas novelescas o cinematográficas, la captura de delincuentes que se evaden de la acción de la justicia es una labor policial en plena vigencia en España.

El grupo de fugitivos de la Jefatura de Barcelona practicó durante 2019 el 24% de todas las detenciones hechas en España en respuesta a requerimientos internacionales de arresto. En todo el territorio nacional fueron apresados 266 prófugos. De ellos, 63 lo fueron por el citado grupo policial de la capital catalana.





Órdenes europeas de detención

Los requerimientos internacionales para la captura de un fugitivo llegan por dos vías principales. La más rápida y extendida es aquella fijada por las normas de la Unión Europea. Es la ya conocida como Orden Europea de Detención, que es ágil y rápida.

En 2019, el país de la Unión para el que el grupo de fugitivos de Barcelona tramitó más requerimientos fue Italia, con 26 expedientes, mientras que en 2018 fue Alemania, con 21.

Aunque no es el único origen de las reclamaciones. Desde fuera el club comunitario, llegan las tradicionales órdenes internacionales de arresto que siguen unos trámites distintos, más dilatados en el tiempo y con mayor intervención de los tribunales.

La Policía Nacional cuenta con una estructura propia para responder a este tipo de requerimientos y, si bien existe un grupo central, con base en Madrid, también existen otros equipos dependientes de jefaturas superiores que llevan a cabo el cumplimiento de estos mandatos. “Entre ellos, destacan, además del de Barcelona, el de Málaga o el de Alicante”, explica Carlos Gil, jefe del grupo de fugitivos con base en la capital catalana, que repasa para La Vanguardia algunos de los últimos servicios destacados.


El pederasta montaraz





Joseph Theresia Johannes Brech
Joseph Theresia Johannes Brech
(LV)






Joseph Thereisa Hohannes Brech vivía medio escondido en un bosque en la localidad barcelonesa de Castellterçol. Es un especialista en supervivencia en el medio montañoso, capaz de morar en cuevas o improvisadas cabañas. Pero, sobre todo, la justicia holandesa lo considera capaz de haber matado a un niño de 11 años, que estaba bajo su tutela, después de haberlo detenido ilegalmente y agredirlo sexualmente.

Los hechos ocurrieron en 1998 durante unos campamentos de verano en los que el fugitivo actuaba de monitor. El crimen conmovió a la opinión pública.

Las autoridades se vieron impelidas a llevar a cabo la mayor recogida de muestras de ADN que jamás se había llevado a cabo en esas fechas en Holanda y, probablemente en todo el mundo. Fueron 20.000 personas de la zona de la localidad de Brunssum.

Una huella genética lo identificó

Brech ya estaba fugado, pero los resultados de la huella genética de un familiar directo lo señalaron inequívocamente. Desde entonces, el pederasta montaraz anduvo medio escondido.

“No pudimos determinar con exactitud cuándo había llegado a Castellterçol, pero sí que uno o dos meses antes había estado en Francia”, explica Gil, el jefe del grupo de Fugitivos de Barcelona.

La fortuna estuvo del lado de la justicia. Brech se acercaba de vez en cuando a una casa donde habitaba una comunidad dedicada a la meditación y otros menesteres contemplativos, allí, a cambio de determinados trabajos de mantenimiento, el fugitivo obtenía ciertos alimentos que necesitaba para cumplimentar su dieta. Un ciudadano holandés que pasaba allí unos días de retiro lo reconoció y avisó a la policía de su país que, a su vez, conectó con la española.





En un momento en que Brech se disponía a recoger leña, los policías cayeron sobre él. Era agosto de 2018. Su huida había acabado.


A hachazos con su vecino





Mudasar Alí Rana
Mudasar Alí Rana
(LV)

Mudasar Alí Rana se encontraba medio acurrucado en un trastero de la trastienda de un local kebab del barrio barcelonés del Raval y agarrando con fuerza una maza de albañilería, cuando el grupo de fugitivos lo encontró.

El sospechoso había prácticamente decapitado a hachazos a un compatriota suyo (Pakistán) con el que compartía estancia en un albergue para refugiados en la ciudad de Bad Homburg vor der Höhe, en el estado alemán de Hesse.

Víctima y verdugo eran refugiados llegados a Alemania.

La persiana cerrada de un kebab

Se conoce que Rana tenía, al menos, conocidos en Barcelona. La policía germana se mantuvo muy atenta a las comunicaciones y monitorizo su red de contactos. Un determinado día, los agentes alemanes enviaron una foto del supuesto restaurante de Barcelona en el que el sospechoso podría estar trabajando.





“En la imagen, aparecía un local del cual no se veía el nombre y una persiana cerrada. Hubo que hacer batidas en horario nocturno, con los locales ya cerrados, para dar con el local que pensábamos que podía estar en el Raval”, explica el inspector.

La Guardia Urbana de Barcelona simuló una inspección sanitaria del kebab y así, sin alertar demasiado a sus regentes, se entró hasta el fondo del local. Y allí estaba Rana. Era noviembre de 2019.


Saltimbanqui de psiquiátrico





Captura de fugitivos en Barcelona. Hemin Dilshad Saleh
Captura de fugitivos en Barcelona. Hemin Dilshad Saleh
(LV)

El caso del danés Hemin Dilshad Saleh bascula entre la crueldad y la ingenuidad. Capaz de amenazar a una mujer y su bebé y usarlos como escudo huyendo de la policía, a esconderse en un armarito de jardín con la esperanza de que la policía no lo registrara.

Ese es Saleh, acusado de homicidio, lesiones graves, falsificación de documentos oficiales y quebrantamiento de medida de seguridad tras fugarse de un psiquiátrico penitenciario.





Sus compinches lo sacaron de la institución mental aprovechando que era su cumpleaños y que pudieron entrar un pastel como presente. La cuestión es que bajo el bizcocho iban camufladas dos pistolas. Así fue. Podría hablarse de dulce huida si no fuera porque el liberado es un peligroso criminal reclamado entonces por Dinamarca y hoy encarcelado allí tras su arresto en España.

Su detención en Barcelona se precipitó porque los investigadores daneses supieron que dos miembros de su banda se dirigían a la capital catalana y, a pesar de las enormes medidas de seguridad para evitar seguimientos policiales, estos acabaron llevando a los policías del grupo de fugitivos hasta un complejo de apartamentos de lujo en el paseo García Faria donde se encontraba Saleh.

Vista de la madre y la esposa

“Vimos salir a su guardaespaldas y a dos mujeres, que resultaron ser su madre y su mujer”, dice Gil. Estaba allí. Había pocas dudas.

Al sentirse descubierto, el fugitivo saltó de ventana en ventana y fue a parar a un apartamento contiguo en el que había una vecina rusa en compañía de su bebé a la que amenazó con que no gritara. Trató de taparle la boca con fuerza, pero no pudo evitar que los quejidos de la nueva víctima llegaran a oídos de los goes (Grupos Operativos Especiales de Seguridad) que habían venido a detener al sospechoso que, tras soltar a la mujer, salió al exterior y tuvo la ocurrencia de meterse en un armario de jardín.





Trató de fingir un suicidio mientras estaba bajo custodia, pero esta vez los trucos no funcionaron. El traslado a un centro sanitario tras las autolesiones (leves) se hizo bajo supervisión de los goes. Esto ocurrió a finales de enero de este año de 2020.


Un neonazi y el presentador de TV





Secuestró a un presentador de un programa de televisión que denunció sus tropelías y actividades delictivas.

El ucraniano O. Z. es dirigente, según los informes policiales, de una organización neonazi de su país y está reclamado por diversos delitos de vandalismo “ultra violento”. También está acusado de robo con violencia e intimidación, sustracción de vehículo y grupo criminal.

El grupo de fugitivos de Barcelona supo de su presencia en Barcelona y le detuvo, pero O. Z. se encuentra en estos momentos en libertad provisional porque ha cursado una solicitud de refugiado político que, junto con el retraso en los juzgados por la pandemia del covid, está demorando su expediente.

Como ultranacionalista, según los informes policiales, O. Z. formó parte del llamado Batallón Aidar formado por milicianos voluntarios que actuaron en los combates de las regiones ucranianas separatistas de Luhansk y Donestk en respuesta a las ingerencias rusas.


Ocho contra los fugitivos





Lukasz Janusz Kacprzyk
Lukasz Janusz Kacprzyk
(LV)

El grupo de fugitivos de Barcelona está compuesto por ocho efectivos; siete varones y una mujer. Su base se encuentra en el complejo policial de La Verneda, en el barrio barcelonés de Sant Martí.

“Muchas veces deben activarse en fin de semana, festivos, a cualquier hora”, comenta el inspector Gil. Cita como ejemplo extremo de compromiso, el de un miembro del equipo de vacaciones en Granada que, yendo con su hijo por un centro comercial, se topó con el protagonista de un expediente de los que había dejado pendientes en su mesa de trabajo en Barcelona.

Al comprobar por vía telefónica que los refuerzos tardarían en llegar y que el fugitivo podía marcharse, dejó al niño al cuidado de la dependienta de una tienda y reclutó a varios vigilantes de seguridad del centro. Fueron a por el sospechoso y lo arrestaron: Lukasz Janusz Kacprzyk, nacido en Polonia.

Como consecuencia de aquel arresto, se pudo posteriormente desmantelar una organización criminal que transportaba desde España hacia Polonia y algunos países más, grandes cantidades de marihuana y que tenía en Tarragona y Barcelona sus cuarteles generales.



Source link