La viuda negra de Patraix a uno de sus amantes


Estaba escrito. La vida sentimental y sexual de la conocida como viuda negra de Patraix se ha expuesto como un libro abierto ante los ojos del jurado que examina el asesinato de su marido. Así, se ha sabido que una vez cometido el crimen del que se le acusa, y trascendida la noticia, esa tarde envió un mensaje a uno de los amantes que simultaneaba: “ ¿Hacemos esta noche un amorcete?”. Él le contestó: “Vale, chochete”. El autor del mensaje no era Salva, el otro acusado con quien también mantenía una relación y que es el autor material confeso de las mortales puñaladas.





María Jesús, conocida como Maje o como la viuda negra de Patraix, en el primer día del juicio
María Jesús, conocida como Maje o como la viuda negra de Patraix, en el primer día del juicio
(Manuel Bruque / EFE)

La cuestión de los amantes de la viuda negra de Patraix, María Jesús o Maje, más allá de la morbosidad que despierta en ciertas audiencias, es una pieza clave de las acusaciones para demostrar que la acusada, como mínimo, estaba acostumbrada a la mentira, además de que difundía la aspiración de que su marido muriera con cierta frecuencia.

A través de la declaración de los antiguos amantes que han desfilado por el juzgado, se deduce que Maje tuvo que ir taponando las vías de agua de su trama de mentiras con sus parejas extramaritales conforme avanzaban los acontecimientos. Además, informa al tribunal sobre la afición de Maje por el chateo con su móvil, algo que hizo incluso mientras la entrevistaba por primera vez la policía, tras el crimen, cuando todavía no era sospechosa.

Red de embustes

A uno de esos amantes, José, le ocultó durante la larga relación paralela que mantuvo con él que estaba casada. Solo le reveló la verdad cuando trascendió el asunto del crimen. Le informó de su estado civil, recién mudado, y de la muerte del esposo asesinado. Le contó que las hipótesis del móvil era que unos yihadistas lo habían matado para robarle el coche o la acción de un criminal que ya había matado a otros hombres en Peris y Valero, informó el testigo.





José le perdonó las mentiras. La acusación cree que Maje confesó la verdad ante el temor de que la policía lo interrogara.

Salva, con gafas, el otro acusado, antiguo amante de la viuda negra de Patraix, y autor material confeso del crimen
Salva, con gafas, el otro acusado, antiguo amante de la viuda negra de Patraix, y autor material confeso del crimen
(Manuel Bruque / EFE)

Fue con José con quien pasó la noche anterior al crimen y con quien se chateó para pasar también la noche posterior al crimen. Este testigo hablaba de ella por entonces como de su novia hasta el punto que dieron una señal de un piso. La detención de Maje cortó en seco la relación.

Mientras, la misma tarde del mensaje “¿hacemos esta noche un amorcete?” dirigido a José, los dos acusados, todavía amantes –Salva desconocía la existencia de otras parejas en ese momento–, se reunieron en casa de la hermana de Maje. Durante aquel encuentro, supuestamente el autor material de los apuñalamientos le contó a su amante –él también estaba casado– cómo había ido el asesinato del esposo de ella.

Uno de los amantes que ha declarado como testigo, asegura que pasó entero con Maje el fin de semana previo a la boda de ella con el asesinado
Uno de los amantes que ha declarado como testigo, asegura que pasó entero con Maje el fin de semana previo a la boda de ella con el asesinado
(Youtube)






Otro amante, Tomás, también aportó datos que pueden ayudar al jurado a dar su veredicto final. Este testigo sí era plenamente consciente de que Maje estaba casada y lo sabía hasta el punto en que pasaron juntos el fin de semana previo a la boda la viuda negra de Patraix con la víctima, Antonio N.

“Me decía que la relación no tenía sentido, que estaba por estar. Que si hubiera sido por ella, no estaría con él. Me dijo que estaba harta, que lo quería ver muerto, que le estaba maltratando psicológicamente”, narró el testigo.

Sexo con un guardia urbano de Barcelona

Quizá para distanciarse de Tomás, en un momento determinado le contó varias mentiras como que su marido estaba muy enfermo de cáncer y que tenía que cuidarlo. Sin embargo, una vez trascendió el crimen, Maje lo llamó y le pidió que si le interrogaba la policía no contara lo del cáncer de la víctima y que, por favor, dijera que ellos habían roto su relación antes de la boda, cosa que era incierta.

A la luz de estas testificales, se ve cómo Maje iba aparentemente parcheando sobre la marcha las grietas que se iban haciendo en sus posibles coartadas.





También desfiló ante el jurado otro amante, menos consolidado, un guardia urbano de Barcelona, Sergio, con quien Maje mantuvo durante un fin de semana una serie de encuentros sexuales sin continuidad. Estos episodios se produjeron un mes después del asesinato de su marido.







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