Los audios de la operación Vóljov



Las dos grabaciones que la Guardia Civil localizó en la memoria del teléfono móvil de Víctor Terradellas, el que fuera secretario de relaciones internacionales de Convergència Democràtica, duran 42:35 minutos la charla con Xavier Vendrell, y 39:23 la conversación con David Madí. En total 81,58 minutos que constan íntegros en el sumario de la denominada operación Volhov, a los que ha tenido acceso La Vanguardia y que ofrece aquí en su web algunos de los momentos más relevantes de las dos charlas. Terradellas, que en las últimas horas ha asegurado que no fue él quien grabó las conversaciones, plantea a los dos históricos dirigentes de ERC y de CDC, apartados de la primera línea política, ambos empresarios, y con una gran influencia en su entorno político, el avance de sus contactos con emisarios del Kremlin para la causa de la independencia catalana.





Una cosa es leer en el auto del magistrado que tutela la causa, Joaquín Aguirre, el hipotético apoyo de 10.000 soldados rusos si Catalunya aprobaba de manera unilateral la independencia. Otra cosa es escuchar directamente de boca de sus protagonistas esa opción y comprobar como en el caso de Xavier Vendrell, es el propio político republicano el que plantea abiertamente la poca credibilidad que le merece la idea. “Es probable que todo esto sea una tomadura de pelo”, le advirtió David Madí a Terradellas. ”Lo único que puede pasar es que no sea verdad o que sea una operación del CNI”, añadió. El mismo grado de incredulidad despertó en Xavier Vendrell que preguntó con sorna: “¿Qué posibilidades crees que hay de que todo esto sea una fantasmada?”.

Pese a todo, el juez Aguirre consideró esos 81,58 minutos de suficiente relevancia para abrir una pieza separada que ha estado en secreto durante un año y dos meses y a partir de la que autorizó al teniente coronel de la Guardia Civil, Daniel Baena, intervenir todas las conversaciones telefónicas de los investigados, colocar micrófonos en sus coches y monitorizar con balizas sus vehículos. De ese material ingente de horas y horas de conversaciones privadas, el magistrado recoge varias conversaciones entre los protagonistas y sus interlocutores. Charlas telefónicas en las que se evidencia, en el caso de Madí, un intento de controlar desde el primer día los pasos del conseller Miquel Sàmper, desde el momento en el que fue nombrado sustituto de Miquel Buch.





En el sumario se reproduce una conversación de ocho minutos con el que fuera secretario general de Interior, Brauli Duart, amigo y fiel colaborador de Madí, en el que éste le tranquiliza sobre su futuro porque asegura tener controlado al nuevo conseller. En la charla, entre risas de dos amigos, se burlan de Sàmper y su dependencia de Madí, y convienen en que no hará nada sin que cuente con el visto bueno del político convergente. La conversación ilumina sobre las intenciones de Madí de mantener el control político de Interior y más concretamente de los Mossos d’Esquadra, pero no tiene en cuenta el instructor del atestado que solo dos días después de esa charla, Sàmper fulminó a Duart al que en las últimas semanas incluso le ha hecho salir del edificio principal de la calle Diputación y le ha hecho mudar a otro junto al director de la policía en la comisaría de Les Corts.





Madí recuerda con sorna como Sàmper “no tiene ni puta idea de nada”, como le designaron en apenas 48 horas en una de las consejerías más complicadas que hay, pero advierte de que si se deshace de los “apoyos históricos” de la conselleria, “durará menos que un caramelo en la puerta de un colegio de tontos”.

Las conversaciones de Vendrell están casi todas relacionadas con lo que el instructor y el juez entienden que hay delito de corrupción por su proyecto de Villa Buggatti en Cabrera de Mar. En una conversación con un tal Lluís, el político republicano le cuenta que come con la consellera, en referencia a Alba Vergés, para explicarle “la mafia que tiene a su alrededor porque no es consciente”. Vendrell cuenta que la “situación es muy bestia” y “no veo una reacción muy clara”. Ese mismo día por la tarde, Vendrell habla por teléfono con su mujer y le cuenta que ha tenido una comida de tres horas y veinte minutos con la consellera de Salud. “Estoy bien porque creo que ella ha estado muy a gusto, y siempre he creído que ella me miraba mal, y me sabía mal porque la Alba es una buena tía”. Una conversación de seis minutos en los que quizás para el instructor lo importante es contar que sale contento de la comida con la consellera de Salud, pero en la que se adjunta en el sumario otros cuatro minutos de charla entre el matrimonio que hablan de temas privados, incluso la mujer detalla un episodio con su hijo, y que no se ha eliminado de las grabaciones de la causa.







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