Los testigos minan la red de mentiras que la viuda negra de Patraix tejió en torno al asesinado


Cada nuevo testigo daña con sus declaraciones la red de mentiras que la viuda negra de Patraix tejió en torno a su marido, al que uno de sus amantes apuñaló mortalmente en agosto de 2017. Que si estaba enfermo de cáncer, que si lo habían matado unos yihadistas para robarle el coche, que si estaba soltera… Todo mentira. Se tambalea también la versión que la acusada, María Jesus, también conocida como Maje, daba a algunas personas –no a todas– sobre el presunto maltrato que estaba recibiendo de Antonio, su marido, al que, según algunos testigos, estaba deseando ver muerto para librarse de una supuesta vida conyugal de presión y dolor.





Las palabras de varios compañeros del asesinado han colisionado con esa visión que Maje trató de trasladar de su esposo en ciertos círculos, especialmente entre sus amantes. Lo han calificado durante la quinta sesión del juicio como de persona alegre, divertida, que evitaba los conflictos, incluso hubo quien apuntó que no era una persona especialmente “echada para adelante”.

La acusada y la víctima del asesinato, fotografiados juntos el día de su boda
La acusada y la víctima del asesinato, fotografiados juntos el día de su boda
(Youtube)

Algunos de los que fueron calificados durante la vista de amigos íntimos de Antonio, revelaron que supieron que el fallecido había descubierto una infidelidad de Maje poco antes de la boda entre ambos y que si finalmente el enlace se celebró fue porque él quiso perdonarla. Con todo, estos testigos revelaron que el asesinado no era una persona inclinada a tenerles al corriente de los supuestos problemas conyugales.

La hermana de Maje: un matrimonio “normal”

Tales problemas, de haberlos, tampoco habrían sido detectados, por abundar en este aspecto, por la propia hermana de Maje, que en una sesión anterior del juicio definió la relación de ambos, a la luz de su experiencia, como de “normal, no vi nada que me llamara particularmente la atención”, dijo.





Amigos y compañeros de trabajo se deshicieron en elogios hacia el asesinado: sencillo, amigo de sus amigos, cariñoso, risueño y simpático, entre otros calificativos.

Salvador, Salva, examante de Maje y autor material confeso de las puañaladas que acabaron con la vida de Antonio
Salvador, Salva, examante de Maje y autor material confeso de las puañaladas que acabaron con la vida de Antonio
(Manuel Bruque / EFE)

Hubo, sin embargo, otra agrupación de testigos cuyas declaraciones afectaban de un modo más coral a los dos acusados. La otra pieza de la trama criminal es Salvador, uno de los amantes de Maje, en este caso el que asesinó a su esposo –él mismo lo confesó durante la instrucción del caso–. Es el hombre que decidió matar a Antonio ya fuera por ganarse el favor de la mujer supuestamente maltratada a la que amaba o para derribar la barrera que suponía para la relación.


La acusación sostiene que Salva recibió de su entonces amante unas llaves para acceder al aparcamiento donde mató a Antonio





El citado segundo grupo de testigos fueron algunos usuarios del aparcamiento en el que aquella mañana de agosto, a una hora temprana, Salvador atacó a traición al marido de su entonces amante, hiriéndole de tal gravedad que le causó la muerte. El cuerpo quedó allí tirado en el suelo y hasta unas horas después, nadie lo descubrió.





Esos vecinos del parking dijeron al jurado que el acceso a él es imposible si no se dispone de un juego de llaves, ya sea para entrar en vehículo o a pie.

Los dos acusados sentados en los extremos opuestos de la última fila del banquillo, en la Ciudad de la Justicia de Valencia
Los dos acusados sentados en los extremos opuestos de la última fila del banquillo, en la Ciudad de la Justicia de Valencia
(Manuel Bruque / EFE)

La teoría de la acusación es que Maje le dio una copia del juego a su amante para que pudiera acechar a al víctima y matarlo. Si eso quedara probado apuntalaría la acusación de asesinato que para que quepa el acto criminal debe cometerse con premeditación.

La entrega de las llaves días antes del crimen podría ser ese elemento de convicción que permitiera a los nueve ciudadanos anónimos –cinco mujeres y cuatro hombres– que componen el jurado tomar una decisión más afinada.







Source link