“¿Por qué disparó el policía?”



Pero por qué disparó el policía? ¿Por qué?”, pregunta enfadado Eric a los voluntarios de Arrels en relación con la actuación del guardia urbano que el sábado hirió de gravedad a Marjan, una persona sin hogar, en el paseo Sant Joan. Eric insiste en que sucesos como este evidencian la indefensión a la que están expuestos los ciudadanos que duermen al raso, como él y sus dos habituales compañeros, Tomás y Johnny, que la noche del jueves aceptaron participar en la encuesta que les hicieron voluntarios de la fundación Arrels para determinar cómo está afectando la pandemia a los sintecho.





Unos 750 vecinos recorrieron Barcelona a partir de las 20 horas y hasta poco después del inicio del toque de queda, cuando bares y restaurantes bajaron la persiana. En ese momento, Eric y sus amigos se metieron en los sacos, en la esquina del bar Glaciar de la plaza Reial, e intentaron conciliar el sueño con el sonido de fondo de la radio, que a esa hora retransmitía el AZ Alkmaar-Real Sociedad. Eric, luciendo bufanda y gorra añeja del Barça, cuenta que es un gran seguidor del fútbol, especialmente del conjunto blaugrana, y que en Praga trabajaba como periodista deportivo para un diario. Pero de eso hace mucho tiempo. Quince años atrás vino a Catalunya iniciando una vida al raso, más o menos el mismo tiempo que Tomás, llegado de Milán. Johnny, de Hungría, el más joven de los tres, contesta que sería hacia el 2013 o quizás el 2014 cuando acabaría a la intemperie.


Al menos seis hombres durmieron la noche del jueves en la plaza Reial, todos aceptaron responder la encuesta de Arrels





Los tres pasan las horas bebiendo cerveza y jugando con el perro de Eric, Batau . Curtidos en la severidad de la calle no contemplaron ir al albergue de la Fira durante el confinamiento. Lo que más echan en falta es la comida caliente por las restricciones en los comedores sociales a causa del virus, aunque dicen que se apañan con su hornillo de camping
gas. Sí piden una tienda de campaña
para cobijarse en invierno y tener más privacidad.

Josetxo Ordóñez, presidente de Arrels, lideró el equipo que el jueves recorrió la plaza Reial y sus aledaños. En total entrevistó a seis hombres. Esa noche, en el momento en que charlaban con Eric, Tomás y Johnny, coincidieron con voluntarios de otras entidades, de la comunidad de Sant’Egidio y de Vincles. María Seoane, de Sant’Egidio, comentaba que ya hacía unos cinco años que conocía a Eric, que la Covid ha dejado a más gente sin hogar y que estos últimos meses ha visto bastantes caras nuevas en la zona de la Rambla. Maria Arrese, de Vincles, también vieja conocida de Eric, explica que cada día de la semana, a partir de las 20 horas, salen grupos de ciudadanos a hacerles compañía. “Además, de las 21 horas hasta las siete de la mañana abrimos nuestro local, en la calle Arc del Teatre, para que la gente pueda tomarse un caldo o un café, y disponemos de camas para 14 personas”, detalla Arrese, tras comprobar que Eric y sus amigos están bien.





En otro portal de la plaza Reial un chico lee dentro de su saco un libro de la serie de Tom Ripley de Patricia Highsmith. El hombre, muy discreto , acepta contestar las preguntas de Arrels. Lleva cinco años en Barcelona, se ducha en los baños públicos, tiene tarjeta sanitaria y dice que ahora ya no come de la basura, que recoge alguna bolsa con alimentos que reparten entidades. Para él la Covid-19 no ha marcado demasiadas diferencias, tampoco recurrió al albergue de la Fira y ahora no tiene ningún ingreso.

Josetxo Ordóñez realiza las últimas entrevistas a dos treintañeros que charlan muy animadamente, recostados sobre el cemento. Hoy han elegido dormir en la plaza Reial por la amenaza de lluvia aunque su lugar habitual de descanso es una pequeña plazoleta muy cercana. Tampoco acudieron a la Fira con el estado de alarma, dicen que no han enfermado en ningún momento, pero que al depender de la limosna de los turistas se han quedado sin dinero.







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